Genocidio e indignación
Uno lee cuanto dicen y escriben los conservadores guatemaltecos sobre el término genocidio y le queda una convicción: les escuece que el país pueda estar incluido en un listado abominable que incluye a Alemania y a Ruanda, y que debería incluir a la antigua Yugoslavia y a Turquía también. En cambio, parece indignarles menos que en Guatemala se hayan cometido por parte de fuerzas del Estado una serie de matanzas para exterminar aldeas y caseríos (51 solo en San María Nebaj), asesinatos de mujeres preñadas, extracción de fetos y traslado por la fuerza de niños de un grupo étnico a otro; los cuales son actos, les guste o no, que concurren en el tipo penal de genocidio.
Les espanta el “qué dirán” de la comunidad internacional, pero parece molestarles menos esos crímenes espeluznantes considerados entonces necesarios para mantener con vida el régimen político económico de su preferencia.
Esa misma sensación de futilidad la hemos sentido cuando alguien ha preguntado en Tegucigalpa, con picardía y sorna, para qué carajos leemos libros y periódicos, habida cuenta que estudiar algo profundo sobre cualquier tema histórico, filosófico,